Camina, recorre la ciudad y aparece dilatado sin soltar el paso. Nada observa. Camina, presiona los pies sobre el concreto de la calle universal, la vida. El transito, se une al encuentro. Por el pasan de largo los hemisferios de la realidad que compone sin mezclarse en ella. Explora.
El hombre recorre la ciudad sin parar, vueltas completas, una y otra vuelta, recorridos continuos, sin permiso, sin dolor alguno: camino. Sin descanso, caminar deprisa: manzanas, cuadras, esquinas, banqueta, paso del peatón. Caminar sin llegar a ninguna parte jamás. Movimiento silencioso. Preciso despegue sin dejar el suelo.
El hombre camina. Camina todo el día y le da la noche y también camina. De donde viene su camino y a donde esta su destino, no sabemos nadie. Cuanto camino ha recorrido se desdibuja atrás y cuanto camino falta para poder llegar cultiva el paso. La mente es un telescopio que también camina hacia el alcance de un siguiente astro poderoso de luz, mientras bebe, se alimenta y despega.
Hombre encadenado al paso, preso a la marcha, sujeto a la libertad del transito, camina. Caminamos para ser libres. Caminamos desde que la ciudad camina. Caminar es movimiento, nadie avanza cuando camina, camina, solo eso y arde y enciende y recorre. En la insistencia esta la puerta, en el camino están los mundos, los mundos y una sola dirección.
La dirección del camino radica en cada uno de los pasos, no del destino final que permanece incierto. Su poder radica en la sorpresa inmediata que hace continuar la marcha. Somos los que caminan sobre el extremo vacío del hombre que es la ciudad de sus calles abiertas, desconsoladas en la quietud del tiempo...
El hombre recorre la ciudad sin parar, vueltas completas, una y otra vuelta, recorridos continuos, sin permiso, sin dolor alguno: camino. Sin descanso, caminar deprisa: manzanas, cuadras, esquinas, banqueta, paso del peatón. Caminar sin llegar a ninguna parte jamás. Movimiento silencioso. Preciso despegue sin dejar el suelo.
El hombre camina. Camina todo el día y le da la noche y también camina. De donde viene su camino y a donde esta su destino, no sabemos nadie. Cuanto camino ha recorrido se desdibuja atrás y cuanto camino falta para poder llegar cultiva el paso. La mente es un telescopio que también camina hacia el alcance de un siguiente astro poderoso de luz, mientras bebe, se alimenta y despega.
Hombre encadenado al paso, preso a la marcha, sujeto a la libertad del transito, camina. Caminamos para ser libres. Caminamos desde que la ciudad camina. Caminar es movimiento, nadie avanza cuando camina, camina, solo eso y arde y enciende y recorre. En la insistencia esta la puerta, en el camino están los mundos, los mundos y una sola dirección.
La dirección del camino radica en cada uno de los pasos, no del destino final que permanece incierto. Su poder radica en la sorpresa inmediata que hace continuar la marcha. Somos los que caminan sobre el extremo vacío del hombre que es la ciudad de sus calles abiertas, desconsoladas en la quietud del tiempo...
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